Guillermo Samperio quería ser trompetista hasta que un buen día, su papá le rompió la boca con este instrumento en un absceso de ira. A partir de ese día se dedicaría a leer y después, tomaría un taller con Tito Monterroso para nacer otra vez como un escritor que toma la realidad y la plasma en una hoja en la que es imposible no vernos reflejados.
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