Anaïs Nin decidió que quería escribir y no era un capricho. Comenzó a los 11 años a escribir sus diarios, los que posteriormente la llevarían a la fama mundial. Nin exploró su cuerpo, cruzó límites, se atrevió a escribir sobre aquello que estaba condenado al silencio: el placer y la sexualidad de una mujer. La obra de Anaïs puede ser incómoda, pero también es necesaria.
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